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Lectura en México diciembre 7, 2007

Filed under: Lo último — lizmot @ 3:17 pm

Cuando hablamos de la superación de un país como México sobresale un tema primordial, la educación, pero hay que partir de lo básico para una buena educación, la lectura, factor fundamental para el crecimiento cultural, económico, político y social de cualquier nación.

Sabemos perfectamente cuál es el motor para el funcionamiento de México, tenemos muy en claro que se necesita el civismo para el cimiento de valores y moralidad, conciencia de la historia de nuestras raíces para el alejamiento de los vicios que nos mantienen en constante retroceso, por miles de cuestiones no expulsadas de fondo, como son la corrupción, narcotráfico, inseguridad, entre muchos más males. Aun no se arranca de raíz un problema tan grave como la falta de lectura.

No es nada fácil inculcar el placer por la lectura, el que lee por gusto irá un paso a delante de los demás, pero hay quienes no saben comprender una lectura o leer algún texto en público, esto y más son los problemas que día a día se pueden ver en las aulas de universidades mexicanas, poco es lo que se deja leer por los profesores, y aun así, la apatía y falta de encanto por un buen libro se hace recurrente.

Lo primero que se observa cuando se tiene que leer algo, son la cantidad de dibujos o cuál es el tamaño es la letra, lo cierto es que el rendimiento de un país se puede medir con la cantidad de lectores, es por eso que en México se le ha ido imponiendo la conciencia de que los niveles de lectura son inferiores a los que se necesita para el desarrollo cultural.

La UNESCO, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, nos ubica en el penúltimo lugar en una lista de 108 países en los niveles de lectura y La Cámara Nacional de la Industria Editorial afirma que el promedio de lectura en la nación es de 1.2 libros al año. Si comparamos estos datos con los de otros países como Noruega, Alemania o Estados Unidos que tienen un promedio de lectura de 18, 15 y 12 libros anuales por habitante, respectivamente, nuestro nivel es verdaderamente vergonzoso.
Según el sexto informe del presidente Fox, México ocupa 1.7 millones de maestros en el ciclo escolar 2006-2007: más del doble que en 1980-1981. Desde entonces, la población escolar ha subido de 21.5 a 32.7 millones, en grupos más pequeños (19 alumnos por maestro, en vez de 29). También subió la escolaridad promedio de la población económicamente activa: de cinco a nueve años. El gasto en educación (casi todo público) subió del cinco al siete por ciento del PIB. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), las familias dedicaban el dos por ciento de sus gastos a la educación en 1977 y el once por ciento en 2005: cinco veces más.

Pero la Encuesta nacional de lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dos de cada tres entrevistados dijeron leer lo mismo o menos que antes, a fines del 2005. Sólo el 30% declaró leer más. El 13% dice que jamás ha leído un libro. Y cuando se pregunta a los que no están en ese caso cuál fue el último libro que leyó, la mitad dice que no recuerda. El 40% dice que ahora lee menos. También un 40% dice que nunca ha estado en una librería. Dos años antes, en la Encuesta nacional de prácticas y consumo culturales, también de Conaculta, el 37% dijo que nunca había estado en una librería.

Al 40% que dijo leer menos se le preguntó a qué edad leía más. El 83% (del 40%) dijo que de los 6 a los 22 años, o sea la edad escolar. Si de los entrevistados se escoge a los que tienen de 23 a 45 años (o sea los beneficiarios del gran impulso educativo), los números empeoran. El 45% (en vez del 40%) declara leer menos, de los cuales casi todos (90% en vez de 83%) dicen que leían más cuando tenían de 6 a 22 años. Queda claro que leían libros de texto, y que no aprendieron a leer por gusto.

Los entrevistados que no leen dan varias explicaciones, la primera de las cuales (69%) es que no tienen tiempo. Pero el conjunto de los entrevistados considera que la gente no lee, en primer lugar, por falta de interés o flojera. Sólo el 9% dice que por falta de tiempo.

Según la encuesta, los mexicanos destinan casi el 2% del presupuesto familiar a la compra de libros: $220 pesos anuales La mayoría (55%) dice que no gasta ni un centavo, pero muchos estiman que gastan el cinco o el diez por ciento. La estimación está infladísima. Según la ENIGH 2004, el gasto corriente monetario en libros, revistas y periódicos fue el 0.4% del gasto familiar. Los libros representan cuando mucho la mitad, digamos 0.2%: diez veces menos que lo declarado en la encuesta.

Según la encuesta, los mexicanos de 12 años o más leen en promedio 2.9 libros al año: 45.7% comprados, 20.1% prestados por un amigo o un familiar, 17.9% regalados, 10.2% prestados por una biblioteca y 1.2% fotocopiados. Sumando los comprados y regalados (63.6%, o sea 1.8 ejemplares), se pueden calcular los ejemplares vendidos: 103.3 millones de habitantes en octubre del 2005 x 75.7% de 12 años o más x 2.9 libros al año x 63.6% vendidos = 144 millones de ejemplares vendidos en el país el año 2005, lo cual parece exagerado.

En la sección amarilla del directorio telefónico 2005 de la ciudad de México, había unas 325 librerías. Si se les atribuye la venta de 48 millones de ejemplares, vendieron 150,000 ejemplares cada una, que es altísimo. Las 75 librerías de Educal, cuyo tamaño es superior al promedio, tenían como meta para el año 2004 vender 75,000 libros y artículos culturales en promedio.

Y si la cifra de 48 millones de ejemplares para la ciudad de México es exagerada, la cifra nacional (144 millones) es una exageración mayor, porque implica que la ciudad de México no representa más que el 33% del país. Para muchos editores, representa el 80%. Pero suponiendo, conservadoramente, que sea el 50%, el total nacional daría el doble de la cifra (exagerada) de la ciudad de México: 96 millones, un ejemplar por habitante.

Según Fernando Peñalosa (The Mexican book industry, 1957), había 150 librerías en el directorio telefónico de la ciudad de México de 1952. Si en el directorio de 2005 hay el doble (325), pero la población se ha sextuplicado (de 3.3 a 18.5 millones), en 53 años el número de librerías por millón de habitantes se ha reducido de 45 a 18. Otro indicador: desde 1950 (en todo el país, en todos los niveles) el número de maestros se ha multiplicado casi por veinte (Estadísticas históricas de México). Sin embargo, el número de lectores (a juzgar por el número de librerías de la ciudad de México), apenas se ha duplicado.

Lo cierto y aunque muchos tomen a broma el hecho de que el libro más leído en México sea el de vaqueros, el encarecimiento de soluciones a dicho problema recae en todos los ámbitos, una sociedad mal informada y con escasez de cultura tiene como resultados los engaños y el manejo, que hasta nuestros días, tienen los medios comunicación sobre los ciudadanos.

Los mecanismos que se han ido utilizando evidentemente no están resultando, en todo caso no estarían las cifras en pique, los principales problemas son la formación de lectores, escasez de producción editorial, bibliotecas y librerías, poca circulación o lectura de periódicos.

Con el hecho de ver nuestro entorno es evidente la falta de impulso a un problema tan grave, la mayor parte de los que viajan en el metro llevan periódicos sensacionalistas y revistas de chismes y los programas que implementan para leer en él no tienen éxito, para que esto cambie no es cuestión única del gobierno, es también responsabilidad de cada uno al consumir lecturas que no te dejan nada, esto involucra el hecho de estar informados porque si no lo estamos mucho menos sabremos que nos retroalimenta.

Esto va en cadena si los maestros y los padres de familia no impulsan y motivan a leer es muy difícil que alguien obtenga el hábito de la lectura, por eso es necesaria la capacitación de maestros y métodos que transmitan el deleite de un buen libro, generalmente el querer tomar una novela o cualquier lectura y aventurarse a lo que trae implícito se reproduce por contagio, con tan pocos lectores difícilmente el contagio se expandirá.

Fuente:
“La lectura como fracaso educativo” de Gabriel Zaid.

 

Ahí va una morra con huevos.

Filed under: Lo último — lizmot @ 3:15 pm


Según Carlos Fuentes que Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez y El Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, son novelas que no debemos creer, solamente hay que leerlas. La historia que se narra en esta novela en particular debe de ser no sólo creída, hay que vivirlo, analizarlo y empalizar con los personajes para encarnarnos en una historia de tantas que existen en este país.

A diferencia de las novelas anteriormente mencionadas éste libro se enfoca en un problema en particular, aquel que nos aqueja como sociedad, que es una espina en el zapato de un gobierno que hasta el momento encuentra como solución la militarización y no la erradicación de la raíz.

La investigación minuciosa para la soldadura de historias despejadas acerca de una mujer con leyenda, expresa la carencia de autoridades, policías corruptos que lían junto al negocio del narcotráfico, a palabra expresada en la novela se encuentran relatos que demuestran que de una u otra forma el mundo conoce el manejo de las drogas, la importancia de los que exponen su vida al entregarse en cuerpo y alma a la suerte que les depare su inteligencia y las maniobras realizadas al negociar.

La mejicana o La Reina del Sur como ahora es conocida por el corrido pronosticado por Arturo Pérez-Reverte al terminar su libro, interpretado por los Tigres del Norte y no por los Tucanes. Es Teresa Mendoza nacida en Culiacán, Sinaloa, su ciudad natal es cuna de narcotráfico, “mala vida” a la que es orillada al convivir con el Güero Dávila, piloto de lo aviones que transportaban droga, relacionado al cártel de Juárez.

Hay algo que nos motiva a leer este libro, es el querer saber sobre la vida de aquellos que arriesgan todo por dinero, vemos en los periódicos la palabra “ejecutaron” y es que el manejo de drogas y el cobro de cuentas pendientes es una forma de vida, es toda una cultura, relacionada con botas piteadas, gorras de béisbol, narcocorridos, cantinas con medias de pacífico, fajos de billetes, camisas a cuadros, José Alfredo Jiménez, Mariachi, grandes camionetas y propiedades de lujo.

El principal móvil es el poder y lo que motivó al Güero Dávila, La teniente O’Neill y su novio, Don Epifanio Vargas, Santiago Fisterra y el Ruso Yasikov, es esa ansiedad por ser alguien en la vida, manipular, sobrevivir y tener las riendas en las manos, porque en la vida “el que chinga es al que respetan”.

En el entorno de Teresa Mendoza existían valores, aunque fueras obligado a cumplirlos, es la vida la que te empuja a trazártelos o de plano quedarte sin ella, el Güero Dávila le decía que lo único que quería era escuchar su nombre entre las líneas de aquellos corridos que tocaban en la cantina a la que iban.

Teresa conoció culturas, modos de vida y pensamientos distintos, aun siento todos diferentes el motor para seguir en el negocio de las drogas era el poder que con todas las transas y desapegos a la ley contraía.

Es también interesante analizar el papel de la mujer, de cierto modo ella fue triunfadora y más fregona que el propio Güero, ella sobrevivió, se hizo de un nombre y logró lo que él tanto quería, un corrido, posición, respeto y mucho dinero. Después de que creyó que el mundo se le derrumbaba, que la soledad le carcomía los huesos y el sentimiento de ser desprotegida le aturdían la mente, Teresa llegó a lo que jamás pensó que lograría.

Después de huir del Gato Fierros y Ponte Gálvez, Teresa era una muchacha cualquiera que había perdido al novio que andaba en andanzas chuecas, ella no buscaba ser reina, estaba destinada desde aquel día en el que se depilaba las piernas y esperaba la llamada del Güero, a sobrevivir como pudiera antes de ser capturada.

No sólo fue cuestión de suerte, es verdad que tuvo a gente que le tendió las manos para una mejor fortuna, pero la inteligencia, claridad para aprender al momento, todos los recuerdos que mantenía de las negociaciones en su tierra la mantuvieron viva.

Ya en Melilla su suerte se fue trazando al conocer a Santiago Fisterra, su romance aunque fue corto dejó atrás a Dávila, aunque su recuerdo atrajo a Fisterra, un contrabandista gallego, pues encontraba similitudes entre ambos y muchas veces pensaba en los dos como uno solo, ella le ayudó en las finanzas, era lo único que sabía hacer desde que estaba en su Culiacán, su primer oficio antecesor a las travesías que tendría que hacer. Santiago vio su fin al no poder esquivar a la vigilancia aduanera, dejando nuevamente sola a Teresa.

Posteriormente es prisionera en el Puerto de Santa María y conoce a Pati O’Neill, en la cárcel los consejos de Pati la impulsan a leer, cosa que nunca le había interesado, el mundo de los libros le impregnaron sabiduría, entendimiento a las necesidades y carencias humanas, funcionando como guía y cultivo para sus días de exilio.

Al salir de prisión casi al mismo tiempo La teniente O’Neill y Teresa Mendoza buscan la cocaína oculta en la gruta de la costa de España, en aguas que eran ya de Teresa, donde tantos recuerdos se estancaban. Pati aparte de inculcarle el gusto por la lectura después del libro forrado y con letras doradas como regalo de sus 25 años de edad, le enseña las firmas adecuadas de ropa, formas de combinaciones, accesorios, entre otras cosas que van acuerdo a la forma de ser de Teresa.

Seguramente la clave para la supervivencia en aquellos problemas es tener el claro lo que realmente importa en la vida, Teresa Mendoza fue lo suficientemente inteligente para poner una barrera entre “Doña Blanca” y ella, la mercancía fue solamente eso, ella era la dueña y no las drogas dueñas de la vida, aquellos que no entendieron lo que Teresa si fue capaz de poner en claro, perdieron la vida.

Después de las negociaciones con Yasikov para la venta de la mercancía Teresa se convierte en La Reina del Sur, con ello se extiende la noticia y llega hasta su tierra. La carrera interminable de Don Epifanio Vargas termina, así como terminan las aventuras de aquellos que no supieron manejar el poder que tanto anhelan. El libro no se extendió respecto al paradero de la Reina y tampoco se supo si aquel embarazo tuvo frutos.

 

“Tengo celos hasta del pensamiento…”

Filed under: ensayo — lizmot @ 3:14 pm


Tan relevante habrá sido el sentimiento de los celos para haber inspirado a William Shakespeare a escribir la tragedia Otelo, tan fuertes llegan a ser que penetran en uno para olvidar el móvil, el amor, hasta llegar a lo descabellado y matar a lo que según te inspiraba a seguir viviendo, como en el libro El túnel de Ernesto Sábato.
El amor y los celos son eslabones que se unen, el que ama permanece habitualmente en estado de alerta hacia la otra persona. Las pequeñas dosis de celos pueden confortar a una persona, hasta se pueden calificar de románticos.
Hablo de los celos sin hacer un cerco en mi mente y formular lo que pienso, lo me genera esa emoción, sé que es una emoción debido al impulso involuntario que se produce cuando un humano necesita lo que se le está dando a una tercera persona.
El desamor propio, desconfianza, inseguridad pueden ser exteriorizados deseando lo que no se te da a ti. Muchas personas piensan que son muestra de amor porque no existe indiferencia, sí no los celan deducen que no los quieren, es por eso que provocan eventos a lo largo de una relación que forjen desconfianzas para sentirse valorados.
La persona celosa es quien sufre, piensa constantemente en hechos pasados, recuerda y revive, hila ideas para sacar conjeturas erróneas. Sí sabemos que es la que sale perdiendo, la que se queda con los pensamientos malos, la telaraña y el nicho del problema, es posible que inconscientemente seamos cazadores del sufrimiento, en la inextinguible saciedad de los problemas.
La lámpara de inagotable aceite, el que enciende la mecha para explotar la cólera e inseguridad es claramente la imaginación, acompañada por suposiciones generalmente infundadas, uno puede leer una carta o sentir celos de algún comentario que halaga a otra persona, pero es la imaginación la que desata la sed de saber más, indagar hasta donde no existe pruebas, muchas veces inventándolas.
Las personas inseguras no confían en que alguien pueda quererlas y serles completamente fieles. La imagen que nos han generado de los hombres, machistas y con muchas mujeres, incursiona en nuestras inseguridades. El impulso de una educación que creaba a mujeres sumisas y apegadas a lo que el esposo dictamine, erosiona nuestra personalidad adquiriendo una desconfianza de la imagen que nos imponen como mala. Es el miedo a los hombres, interna pero como un estante inmóvil.
Recurrentemente cuando una persona cela sin razón y analiza lo causado por un hecho que podría haberse evitado, se piden disculpas, el problema es que el mismo error se produce continuamente por la máquina más creativa, la mente. Las relaciones se desgastan por el anclaje de los problemas, círculos viciosos que no se rompen hasta tocar fondo y fracturar una relación.
Sobre el revanchismo entre hombres y mujeres, saber quién es más celoso que el otro, depende en realidad de la personalidad de cada quien y no en el género, aunque la educación y cultura en la que se desenvuelve marca la personalidad individual.
El revanchismo también se traslada a las relaciones, el ser dominante es siempre lo que se busca, debido al carácter habrá alguien más fuerte que otro, el dominante cree tener el control sobre su pareja, se consideran poseedores del derecho sobre la vida de su compañero o compañera, haciendo hincapié en la vida sexual de esa persona. Los celos aparecen cuando esa seguridad de tener el poder sobre alguien se ve amenazada.
Los malos pensamientos generados por esta emoción impiden que se conozcan, recuerden, acepten o crean en los valores cimentados en la pareja, expandiendo el mensaje de que el compañero o compañera es mala, recreándolo como enemigo. ¿Y qué pasó con el amor que se sentía? La reacción es mala porque se piensa en que le han visto la cara, en el engaño e injusticia.
Cuando alguien piensa que tiene el control de una persona y se cree con el poder de entrometerse en la vida de su pareja, invade su privacidad tomándose la libertad de pedir explicaciones por todos sus actos. Un ser individual no tiene porque dar explicaciones de todos sus actos, la confianza no se construye, se otorga como un voto a la persona que amas.
Los celos son enfermizos cuando los defectos de tu pareja sobre pasan las cualidades, ocasionando que la relación ya sea enfermiza y el amor destructivo. Pueden llegar a ser la justificación para actos fatalistas, anteponer esa emoción para llegar a ser comprendido.
Una relación en la que existe monotonía, cuando pasa el tiempo y la burbuja del enamoramiento se estrella, las personas no aceptan la posición de elección libre, se nos olvida que si alguien esta con nosotros fue por decisión propia y no por sometimiento, se juzga al compañero de experiencias y relaciones externas que no están relacionadas con la relación presente, en lugar de razonar sobre el presente.
El arranque de ira, coraje, tristeza, nudo en la garganta, irritante agonía que nubla el pensamiento, debe ser detenido con una plática en la que se proporcione confianza y seguridad.
La obsesión por controlar a tu pareja no se borra, sería imposible borrar las vivencias que te hicieron desconfiar, se desvanece encontrando un lazo de confianza y comunicación.

 

A estas horas aquí

Filed under: poemas — lizmot @ 3:10 pm

Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.
No tengo “hambre de amor”, pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer, o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.
Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro…
Este cielo de México es oscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
(Anoche, sin embargo, había llovido
y era fresco, amoroso, delgado.)
Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato
o le diría un cuento
que no dijera nada, pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.

La jaula que me cuente sus amores con el canario.
La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,
y la dulce luna de mi armario,
que me digan algo,
que me hablen en metáforas, como dicen que hablan,
este vino es amargo,
bajo la lengua tengo un escarabajo.

¡Qué bueno que se quedara mi cuarto
toda la noche solo,
hecho un tonto, mirando!