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Ahí va una morra con huevos. diciembre 7, 2007

Filed under: Lo último — lizmot @ 3:15 pm


Según Carlos Fuentes que Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez y El Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, son novelas que no debemos creer, solamente hay que leerlas. La historia que se narra en esta novela en particular debe de ser no sólo creída, hay que vivirlo, analizarlo y empalizar con los personajes para encarnarnos en una historia de tantas que existen en este país.

A diferencia de las novelas anteriormente mencionadas éste libro se enfoca en un problema en particular, aquel que nos aqueja como sociedad, que es una espina en el zapato de un gobierno que hasta el momento encuentra como solución la militarización y no la erradicación de la raíz.

La investigación minuciosa para la soldadura de historias despejadas acerca de una mujer con leyenda, expresa la carencia de autoridades, policías corruptos que lían junto al negocio del narcotráfico, a palabra expresada en la novela se encuentran relatos que demuestran que de una u otra forma el mundo conoce el manejo de las drogas, la importancia de los que exponen su vida al entregarse en cuerpo y alma a la suerte que les depare su inteligencia y las maniobras realizadas al negociar.

La mejicana o La Reina del Sur como ahora es conocida por el corrido pronosticado por Arturo Pérez-Reverte al terminar su libro, interpretado por los Tigres del Norte y no por los Tucanes. Es Teresa Mendoza nacida en Culiacán, Sinaloa, su ciudad natal es cuna de narcotráfico, “mala vida” a la que es orillada al convivir con el Güero Dávila, piloto de lo aviones que transportaban droga, relacionado al cártel de Juárez.

Hay algo que nos motiva a leer este libro, es el querer saber sobre la vida de aquellos que arriesgan todo por dinero, vemos en los periódicos la palabra “ejecutaron” y es que el manejo de drogas y el cobro de cuentas pendientes es una forma de vida, es toda una cultura, relacionada con botas piteadas, gorras de béisbol, narcocorridos, cantinas con medias de pacífico, fajos de billetes, camisas a cuadros, José Alfredo Jiménez, Mariachi, grandes camionetas y propiedades de lujo.

El principal móvil es el poder y lo que motivó al Güero Dávila, La teniente O’Neill y su novio, Don Epifanio Vargas, Santiago Fisterra y el Ruso Yasikov, es esa ansiedad por ser alguien en la vida, manipular, sobrevivir y tener las riendas en las manos, porque en la vida “el que chinga es al que respetan”.

En el entorno de Teresa Mendoza existían valores, aunque fueras obligado a cumplirlos, es la vida la que te empuja a trazártelos o de plano quedarte sin ella, el Güero Dávila le decía que lo único que quería era escuchar su nombre entre las líneas de aquellos corridos que tocaban en la cantina a la que iban.

Teresa conoció culturas, modos de vida y pensamientos distintos, aun siento todos diferentes el motor para seguir en el negocio de las drogas era el poder que con todas las transas y desapegos a la ley contraía.

Es también interesante analizar el papel de la mujer, de cierto modo ella fue triunfadora y más fregona que el propio Güero, ella sobrevivió, se hizo de un nombre y logró lo que él tanto quería, un corrido, posición, respeto y mucho dinero. Después de que creyó que el mundo se le derrumbaba, que la soledad le carcomía los huesos y el sentimiento de ser desprotegida le aturdían la mente, Teresa llegó a lo que jamás pensó que lograría.

Después de huir del Gato Fierros y Ponte Gálvez, Teresa era una muchacha cualquiera que había perdido al novio que andaba en andanzas chuecas, ella no buscaba ser reina, estaba destinada desde aquel día en el que se depilaba las piernas y esperaba la llamada del Güero, a sobrevivir como pudiera antes de ser capturada.

No sólo fue cuestión de suerte, es verdad que tuvo a gente que le tendió las manos para una mejor fortuna, pero la inteligencia, claridad para aprender al momento, todos los recuerdos que mantenía de las negociaciones en su tierra la mantuvieron viva.

Ya en Melilla su suerte se fue trazando al conocer a Santiago Fisterra, su romance aunque fue corto dejó atrás a Dávila, aunque su recuerdo atrajo a Fisterra, un contrabandista gallego, pues encontraba similitudes entre ambos y muchas veces pensaba en los dos como uno solo, ella le ayudó en las finanzas, era lo único que sabía hacer desde que estaba en su Culiacán, su primer oficio antecesor a las travesías que tendría que hacer. Santiago vio su fin al no poder esquivar a la vigilancia aduanera, dejando nuevamente sola a Teresa.

Posteriormente es prisionera en el Puerto de Santa María y conoce a Pati O’Neill, en la cárcel los consejos de Pati la impulsan a leer, cosa que nunca le había interesado, el mundo de los libros le impregnaron sabiduría, entendimiento a las necesidades y carencias humanas, funcionando como guía y cultivo para sus días de exilio.

Al salir de prisión casi al mismo tiempo La teniente O’Neill y Teresa Mendoza buscan la cocaína oculta en la gruta de la costa de España, en aguas que eran ya de Teresa, donde tantos recuerdos se estancaban. Pati aparte de inculcarle el gusto por la lectura después del libro forrado y con letras doradas como regalo de sus 25 años de edad, le enseña las firmas adecuadas de ropa, formas de combinaciones, accesorios, entre otras cosas que van acuerdo a la forma de ser de Teresa.

Seguramente la clave para la supervivencia en aquellos problemas es tener el claro lo que realmente importa en la vida, Teresa Mendoza fue lo suficientemente inteligente para poner una barrera entre “Doña Blanca” y ella, la mercancía fue solamente eso, ella era la dueña y no las drogas dueñas de la vida, aquellos que no entendieron lo que Teresa si fue capaz de poner en claro, perdieron la vida.

Después de las negociaciones con Yasikov para la venta de la mercancía Teresa se convierte en La Reina del Sur, con ello se extiende la noticia y llega hasta su tierra. La carrera interminable de Don Epifanio Vargas termina, así como terminan las aventuras de aquellos que no supieron manejar el poder que tanto anhelan. El libro no se extendió respecto al paradero de la Reina y tampoco se supo si aquel embarazo tuvo frutos.

 

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